La Deuda de Muerdehachas 

Bragi «Muerdehachas»: 

Es el General Matademonios. El motor ofensivo y líder de la expedición. Un guerrero que ha alcanzado la cúspide tras sobrevivir a innumerables carnicerías. Lucha impulsado por la culpa de Kislev, buscando saldar su deuda metafísica aniquilando exclusivamente a los mayores campeones y demonios que la disformidad pueda arrojarle.



Khargrim «El Enloquecido«:

Buscamuertes. Un enano cuya cordura fue fracturada durante años de cautiverio élfico. Sus Cadenas de la Venganza son el símbolo de su locura. Opera como un torbellino de acero suicida, diseñado para triturar la vanguardia enemiga sin importarle su propia supervivencia.



Katrin Thormsdottir “El Fantasma Sangriento”:

Buscamuertes. Repudiada por su clan y sumida en un aislamiento patológico. Su nivel de violencia es tan temerario e incontrolable que combate al margen de las formaciones regulares. Se lanza sola hacia el enemigo, buscando desesperadamente que los dioses le concedan de una vez la muerte que le niegan sistemáticamente.



Huérfanos de Kislev:

Diez matadores. El yunque de choque. Supervivientes directos del error táctico de Bragi en las estepas heladas. Buscan limpiar con su inmolación frontal la vergüenza de haber sobrevivido al asedio.



Agraviados de Karaz-a-Karak:

Diez Matadores. Marcados por el estigma y la decadencia de sus linajes en la capital. Su cometido es chocar contra el centro del ejército rival y presionar hasta que la carne ceda o el acero se quiebre.



Custodios del Heraldo:

Seis Hermandad de Grimnir. Son la élite fanatizada de la horda. Actúan como la guardia pretoriana de Bragi, asegurando mediante fuerza bruta que la cacería de su general hacia los demonios mayores no sea interrumpida por la escoria enemiga.



Rastreadores de la Disformidad:

 Seis Matadores. Hostigadores y emboscadores. Son la célula de infiltración que rastrea la firma del Caos, adelantándose a la hueste principal para asegurar los flancos y diezmar a las pantallas enemigas.



La Deuda de Muerdehachas [750 pts]

++ Personajes [139 pts] ++

Bragi Muerdehachas [139 pts]: Hand weapon, Great weapon, General, Rune of the Furnace

++ Unidades Básicas [378 pts] ++

10 Huérfanos de Kislev [144 pts]: Hand weapons, 2x Giant Slayers, 2x Great weapons, Standard bearer

10 Agraviados de Karaz-a-Karak [144 pts]: Hand weapons, 2x Giant Slayers, 2x Great weapons, Standard bearer

6 Rastreadores de la Disformidad [90 pts]: Hand weapons, Ambushers, Hostigadores, Standard bearer [Wards of Grimnir]

++ Unidades Especiales [233 pts] ++

Katrin Thormsdottir [50 pts]: Hand weapon

Khargrim el Enloquecido [50 pts]: Hand weapon

6 Custodios del Heraldo [133 pts]: Hand weapons, 2x Great weapons, Shrine Keeper (champion)


TRASFONDO

El viento del norte cortaba como un cuchillo de carnicero mal afilado. Helado. Despiadado. Bragi Muerdehachas se frotó los nudillos entumecidos, sintiendo el escozor familiar de las cicatrices mal curadas en medio del tiritante frío. A su alrededor,  la nieve sucia lo engullía todo, devorando las botas y borrando cualquier atisbo de esa supuesta gloria épica de la que tanto hablaban los bardos.  

Gloria. Qué palabra tan estúpida. Suena a oro reluciente y sabe a ceniza mojada.  

Atrás habían quedado los pasos seguros de las montañas, convertidos ahora en una tumba de piedra y hielo que ya no le importaba a nadie. A lo largo del desfiladero, los cadáveres mutilados de los bárbaros del norte adoradores del Caos se congelaban en posturas grotescas. Bragi y su hueste los habían masacrado buscando cobrarse su deuda, pero aquellos salvajes no eran los demonios que ansiaba. Solo carne que chillaba y sangraba como cualquier otra antes de irse al barro.  

A su derecha, Khargrim el Enloquecido arrastraba las Cadenas de la Venganza. El metal tintineaba rítmicamente contra la piel despellejada y amoratada del Buscamuertes. Khargrim no dejaba de babear una letanía inconexa, con los ojos inyectados en sangre girando salvajemente. Estaba completamente roto por dentro. Un lunático peligroso y patético. Exactamente el tipo de escoria homicida que Bragi necesitaba como ariete para abrirse paso a golpes en los desiertos del Caos.  

Un destello naranja captó su atención entre las sombras afiladas de los riscos. Katrin. El Fantasma Sangriento. Sin barba, sin armadura, sin pronunciar una sola palabra. Se deslizaba entre las rocas con la gracia letal de una enfermedad incurable, precediendo a los Rastreadores de la Disformidad. Ni un solo enano bajo su mando confiaba en ella, pero su hacha siempre volvía goteando del cuello de algún hechicero enemigo.  

Detrás de ellos, los Huérfanos de Kislev y los Agraviados marchaban en un silencio sepulcral, arrastrando las botas por el lodo. Trescientos de los suyos habían muerto masacrados en la estepa por su culpa. Su propia sangre. Estos eran los despojos que quedaban. No marchaban por lealtad a un rey gordo y acomodado, o por salvar un mundo que los despreciaba, marchaban porque estaban tan vacíos y muertos por dentro como él, y el hielo del norte era un lugar tan bueno como cualquier otro para terminar de pudrirse.  

Bragi tensó los eslabones de hierro adheridos a su hacha. Sus pulmones ardían con cada inhalación. La culpa le aplastaba el pecho mucho más que el peso del acero.  

Mil demonios muertos no pagarán lo que debes, Bragi. Pero habrá que empezar por alguno.  

—Adelante — Gruñó, rehusando mirar atrás—. Aún nos quedan muchos cráneos que abrir hoy.


BATALLAS

EPISODIO 1: HORDA TROLL DE KARDOZ