La Deuda de Muerdehachas vs La Ogresión de Snotgul «El Machacador»


Snotgul y su banda de parientes hambrientos bajaron de las montañas buscando una aldea humana para llenarse la panza de carne tierna. Encontraron algo muy distinto: una grieta palpitante hacia el Reino del Caos y un muro de matadores ansiosos por derramar sangre. El aire alrededor del monolito central olía a ozono y a magia corrupta.

Los matadores avanzaron con paso firme y armas en mano. Odiaban la brujería, odiaban a los ogros y aborrecían esperar.

Los gnoblars, empujados por el miedo a sus enormes amos, se adelantaron para hostigar con chatarra afilada. Se quedaron demasiado cerca. Khargrim el Enloquecido y los Rastreadores de la Disformidad se abalanzaron sobre ellos con las hachas sedientas, dispuestos a cobrar el primer peaje de dolor.

La artimaña de las pequeñas criaturas funcionó. Aguantaron el choque lo justo para dejar a Khargrim completamente expuesto a la embestida brutal de los Caballeros Dientemartirio. Las enormes bestias acorazadas reventaron la línea y pasaron por encima del matador, dejándolo enterrado bajo un amasijo de colmillos y escarcha. Inconsciente, roto, pero demasiado terco para morir definitivamente.

Los Rastreadores resistieron estoicamente el castigo de los jinetes hasta que los Huérfanos llegaron al combate. El refuerzo enano picó carne de ogro y bestia por igual, destripando a la caballería y haciendo que los gnoblars supervivientes corrieran despavoridos hasta desaparecer del campo de batalla.

En el centro, Bragi Muerdehachas fijó su vista en Snotgul y sus Tripasduras. Ordenó la carga para tomar el vórtice, pero el terreno quebrado y corrompido frenó el avance de los Agraviados. Se quedaron clavados a escasos metros del enemigo.

Snotgul vio la oportunidad de un festín fácil y ordenó cargar con todo su peso. El choque de los Tripasduras hizo temblar la piedra, pero Bragi saltó sobre la marea de músculos y buscó al general ogro justo en el epicentro del vórtice. Le lanzó un desafío a pleno pulmón, exigiendo su vida.

El enorme ogro levantó su arma para aplastar al enano, confiando en su masa y en la regeneración antinatural que le otorgaba el estandarte de su unidad. Nunca llegó a bajar el brazo. Bragi giró con una velocidad sobrenatural. Su hacha rúnica trazó un arco perfecto y separó limpiamente la cabeza de Snotgul de sus hombros. Un golpe seco y mortal. La sangre brotó a borbotones antes de que la carne del ogro pudiera siquiera intentar cerrarse.

Ver a su general decapitado destrozó los nervios de los Tripasduras. Sus siguientes ataques fueron torpes y desesperados. El pánico se apoderó de ellos, rompieron filas y trataron de huir. Los enanos no tienen piedad con los cobardes; persiguieron a las moles de carne a la carrera y los descuartizaron por la espalda sin miramientos.

El pedregal quedó en un silencio sepulcral, roto únicamente por el zumbido del vórtice. 

Ni un solo ogro vivo en todo el horizonte. Bragi Muerdehachas pisó firme el monolito, se limpió la grasa de la cara y miró hacia el abismo purpúreo del Reino del Caos. Su deuda le estaba esperando al otro lado.

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