Sangre para el Dios de la Sangre

A Khorne no le importan en absoluto las grandes estrategias ni las maniobras sutiles. El Dios de la Sangre es un amo exasperantemente simple: exige carnicería, y la montaña del Trono de Bronce siempre tiene espacio para un trofeo más. No siempre hace falta que los cielos lluevan fuego o que marche una horda apocalíptica para saciarlo; a menudo, una pequeña jauría de asesinos babeantes, paladines consumidos por la furia asesina y bestias descerebradas basta para teñir la tierra de rojo.

Estas son las crónicas del matadero a pequeña escala. Huestes prescindibles, destacamentos de vanguardia y aspirantes a campeón lanzados a escaramuzas brutales donde el único objetivo táctico es rebanar cuellos antes de que te rebanen el tuyo.

Da igual si mueres de forma gloriosa o si un esqueleto te aplasta bajo su bota en el puto desierto. Da igual de dónde fluya la sangre o de quién sea el cráneo que ruede por el suelo. Khorne no atiende a rezos, a excusas tácticas ni a magia cobarde; solo presta atención al chasquido húmedo del hacha partiendo el hueso.

Craneos para el Trono de Khorne.


Haldor “El Aspirante”


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