A medida que subo los gastados peldaños de piedra, siento cómo el aire de la montaña cambia drásticamente. El olor a azufre y metal fundido de la Gran Forja se va desvaneciendo, reemplazado por un aroma denso y cálido que me reconforta el alma: malta tostada, levadura y lúpulo fresco.
El repique mecánico de los martillos queda ahogado por carcajadas, cánticos de taberna y el choque de pesadas jarras de madera y metal. He llegado al Descanso del Guerrero: La Cervecería.
Mis ojos se adaptan a la cálida luz de los faroles y lo primero que veo en el centro de la sala me roba una inevitable sonrisa. Es una estampa digna de las mejores leyendas cantadas junto al fuego. Allí están, bebiendo y celebrando como hermanos de sangre; Josef Bugman y el legendario Matador, Gotrek Gurnisson, están levantando en volandas al mismísimo Grombrindal. Es como si Josef y Gotrek estuvieran actuando como portadores del escudo para el gran Enano Blanco, pero en lugar de empuñar acero para protegerlo, alzan jarras rebosantes de espuma en un brindis que pasará a la historia.

Mientras sonrío ante la escena, mi mirada se desvía un poco hacia un lateral y mi mente sufre un pequeño cortocircuito ¿Ese de ahí… no es Josef otra vez? Parpadeo y me fijo mejor. La figura sostiene la mítica hacha rúnica La Vieja Confiable y la famosa Jarra de Bugman. Pero no, la actitud es diferente. No hay dolor ni sed de venganza en esta mirada. Estoy ante Zamnil Bugman, el padre de Josef y el fundador original de la cervecería en las tierras orientales de Wissenland. Un enano visionario y pragmático que llegó a adoptar el nombre humano de Samuel Bugman para prosperar en el comercio imperial. Verlo aquí representa la Edad de Oro de la Cervecería Bugman , una época de industria y paz antes de que la tragedia y la furia de los Goblins lo destruyeran todo y cambiaran el destino de su hijo para siempre.

Alrededor de una mesa redonda, unos enanos disfrutan de un festín digno de la corte de Altdorf mientras charlan animadamente. Un enorme cochinillo asado domina el centro de la tabla, rodeado de jarras y platos rebosantes. Sus ropajes llaman poderosamente mi atención: lucen telas ricas, sombreros abullonados y colores vibrantes. Son el vivo reflejo de la exitosa integración comercial de la familia Bugman en Wissenland; enanos que aprendieron a caminar entre mercaderes humanos y a disfrutar de sus lujos.

Dejando atrás la mesa imperial, la cómica realidad de la taberna se despliega a mis pies. Tengo que andar con cuidado para no pisar a las numerosas bajas de este particular frente de batalla etílico. El suelo está sembrado de hermanos que han sucumbido al innegable poder de la malta: unos roncan a pierna suelta tirados de espaldas…

Otros han encontrado un lecho improvisado encajados entre los toneles de roble o durmiendo profundamente abrazados a sus hachas.


Tres parroquianos han montado su propio desafío de resistencia: una apuesta en toda regla para ver quién aguanta más bebiendo directamente del barril. El primer competidor ya ha mordido el polvo y yace desmayado boca arriba en el suelo. Sus dos compañeros de contienda continúan con el torneo: mientras uno carga el barril al hombro, el otro succiona sin descanso. Es su turno, y está claro que planea acabar el barril antes de ceder el puesto o acabar rodando por el suelo junto a su amigo.

Vigilando que todo este enorme engranaje de felicidad líquida funcione sin contratiempos, dominando la escena desde las alturas, está Bazrak Bolgan, Maestro Cervecero y la inquebrantable mano derecha de la dinastía Bugman. Es una mole imponente; su enorme vientre cervecero destaca orgulloso, actuando como una capa de protección visceral, una especie de gambesón biológico natural en nuestra raza. Con su rostro rubicundo, y marcado por su temperamento feroz, Bazrak parece listo para todo. Está preparado tanto para repartir barriles de La Mejor de Bolgan y levantar la moral de los muchachos, como para repartir hachazos al primer pielverde que ose colarse en su planta de fermentación.


En un rincón más apartado, un enano atiende la llamada de la naturaleza sentado en una letrina, leyendo y completamente ajeno al bullicio y los cánticos. Su intimidad está protegida por un majestuoso biombo de tres paneles tallados con relieves de los Dioses Ancestros. Utilizar semejante obra de arte para ocultar el retrete de una taberna es la demostración definitiva del carácter orgulloso de nuestra raza.

En el centro de toda la vorágine, como un astro sobre el que orbitan los planetas, está ella. La enana más evocadora que jamás hayan visto estos ojos. Avanza sosteniendo un enorme barril de roble al hombro con pasmosa ligereza, mientras su otra mano gobierna una bandeja cuajada de jarras doradas. Sus pesadas trenzas, de un carmesí encendido, caen como cascadas de fuego, enmarcando un rostro que irradia la salud y la fuerza de nuestro pueblo. El estruendo de la taberna se desvanece en mi cabeza al instante. Viendo la reverencia con la que los veteranos aceptan su bebida, siento la certeza absoluta de estar contemplando a la mismísima Yinlin, la legendaria Maestra Cervecera bendecida por Valaya. Necesito acercarme a la barra y pedir una pinta, aunque solo sea para escuchar su voz y comprobar si este flechazo rúnico es de carne y hueso.

Karak-Eternum es un reflejo de nuestra historia, junto a las luces de la victoria encontramos las sombras de la resistencia. Al fondo de la cervecería, en una esquina más oscura y apartada del jolgorio general, la atmósfera se vuelve tensa y solemne. Es Yorrik, el Maestro Cervecero de Karak Ocho Picos. A diferencia de los héroes tradicionales, su extrema corpulencia le impide vestir las pesadas armaduras de placas de gromril, en su lugar, lleva un grueso delantal del gremio manchado de mosto. Verlo es recordar lo que es la supervivencia; él fue quien purificó las aguas envenenadas por los Skaven para mantener con vida a la guarnición del Rey Belegar, destilando entre las sombras su peligrosa Cerveza de Troll para sanar a los heridos. Es un héroe que resistió incansablemente hasta su amarga muerte a manos de los Skaven. No puedo evitar acercarme y levantar una jarra en su honor.

Con el espíritu sobrecogido por el recuerdo de Yorrik y el cuerpo reconfortado por el calor de la taberna, sé que es hora de continuar. Me ajusto el equipo, doy la espalda al jolgorio y encaro la imponente escalinata principal. Mis pasos me guían hacia el núcleo del poder Dawi, el lugar donde se rinde pleitesía a nuestros soberanos.
Próxima parada: El Salón del Trono
Khazuk! Khazuk! Ha!
Registro de Degustación
Acomodaos en un taburete, servíos una buena pinta de Bugman XXXXXX y disfrutad de cada rincón, parroquiano y detalle escondido en esta galeria de imágenes:




















