Enoch: el Chamán de la Manada

“No llores pequeño. Si lloras, la manada te comerá.”

En el sur, un nacimiento es motivo de fiesta. En la Tribu Ullfang, es el primer juicio.

Os presento a Enoch, el Chamán de la Manada. Su función es purgar la debilidad antes de que eche raíces.

Imagina el frío. Acabas de nacer y te arrancan de los brazos de tu madre para llevarte ante este anciano.

Su ritual es simple y brutal: unge la frente del recién nacido con sangre de lobo, y entonces espera. Si el niño se estremece o llora por el contacto… es débil. Si su piel reacciona mostrando la marca del mutante, un ojo extra o un miembro deforme… es Indigno.

Mi ejército odia la corrupción física. Para los Ullfang, la mutación es un insulto a la perfección del depredador. Los bebés que fallan la prueba de Enoch son llevados a la “Roca de los Cachorros” en los picos. Allí, se convierten en la primera comida para las crías de los Fenrir.

Es la ley de hierro: Solo los fuertes tienen derecho a comer. Los débiles, existen para ser comidos.

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