Capitulo 1: El Clan Ullfang

El Clan Ullfang: Los Reyes de la Piedra y el Hielo
En las cumbres donde el mundo toca el cielo, en el corazón despiadado de las montañas de Norsca, existe una estirpe que no ha sido doblegada. Mientras otras tribus se arrastran en el fango buscando el favor de dioses oscuros a cambio de deformidades, los Ullfang se alzan erguidos, forjados en un desprecio primordial por la debilidad.
Su aislamiento, lejos de la locura del sur y de la desolación absoluta de los Yermos, ha templado su espíritu como el acero en la nieve. Para comprender a los Ullfang, hay que entender primero su rechazo: ellos no ven bendición en la carne mutada. Un tentáculo, una garra deforme o un tercer ojo no son regalos divinos; son fallos. Son la marca de quien no pudo resistir.


La Pureza del Acero y la Carne
Para un Ullfang, la única verdad reside en el músculo perfecto, en la cicatriz que cuenta una historia de supervivencia y en la resistencia inhumana al frío. Son la encarnación viviente del ideal del norte: gigantes de cabello trenzado, envueltos en pieles de bestias que ellos mismos cazaron, con la piel convertida en un lienzo de tatuajes rúnicos y las manos siempre cerradas sobre el acero frío.
No buscan el poder a través de la corrupción. Encuentran su fuerza en la perfección física que su entorno les exige. Son guerreros de pureza brutal, una visión de lo que el hombre del norte debería ser antes de que la oscuridad lo retorciera.



Los Que Toman, No Los Que Ruegan
Los Ullfang no se arrodillan. Su relación con los Poderes Ruinosos no es de servidumbre, sino de saqueo espiritual. No adoran a los dioses; veneran lo que estos representan, extrayendo pragmáticamente las herramientas necesarias para dominar.
Toman la Fuerza de Khorne, pero rechazan su locura. Aprenden la Supervivencia de Nurgle, pero desprecian su podredumbre. Usan la Astucia de Tzeentch y el deseo de Dominio de Slaanesh, pero nunca entregan sus almas.
Sin embargo, en el fuego de sus rituales, cuando las sombras bailan, su verdadera fe se revela. No miran hacia arriba, sino hacia adentro, hacia la Bestia Primigenia. Veneran a la Manada que los mantiene unidos, a la Caza que les da propósito y a la Sangre que sella su destino.


Hermanos de Invierno: Los Fenrir
Y esta fe camina a su lado. Los compañeros de los Ullfang no son mastines del caos deformados por la magia vil. Son los Lobos Fenrir, titanes de una era olvidada que ha sobrevivido en los picos del mundo.
Estas bestias son el espejo del alma del clan. Grandes y poderosas, imbuidas por la energía pura del norte que emana de los polos, pero intactas, sin la mancha mutagénica de la Piedra Bruja. Al igual que sus amos, los lobos son la prueba viviente de una verdad olvidada: que se puede alcanzar un poder divino sin perder la propia naturaleza.
Juntos, hombre y lobo, acero y colmillo, los Ullfang no son solo una tribu. Son la resistencia. Son el invierno hecho carne.

   


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