ESCENARIO:
El destino reunió en el centro de las tierras baldías a dos fuerzas titánicas. Por un lado, la Legión de Hierro, liderada por el Ancestral Kholek Comesoles, buscando la destrucción total. Por el otro, la élite de Middenheim, comandada por el mismísimo Conde Elector Boris Todbringer y el Sumo Sacerdote Ar-Ulric Emil Valgeir, juramentados a defender el imperio.
Pero los Dioses del Caos son caprichosos, y lo que debía ser una batalla solemne se convirtió en una carnicería de absurda brutalidad.
LOS HIJOS DE ULRIC: 2500p
278 Boris Todbringer: General, Colmillo Runico, Talisman de Ulric
325 Ar-Ulric Emil Valgeir: Armadura Lobo, Martillo de Skoll
63 Captain of the Empire: Shield, General, Full Plate,Armour, Brace of Pistols
159 High Priest of Ulric: Light Armour, Twice-BlessedArmour, Ring of Taal, Great Weapon
160 Wizard Lord: Wizard Level 3, Elementalism, LoreFamiliar
70 10x State MissileTroops: Veteran Crossbow
80 10x State Missile Trooper: Handgun
257 24x Veteran State Trooper: Shield, Sergeant, Standard Bearer: Griffon Standard, Musician
120 15x Veteran State Trooper: Halberd
248 18x Greatsword: Count’s Champion, Standard Bearer, Drilled
105 5x Road Warden: Brace of Pistols, Feigned Flight
252 7x Inner Circle Knight: Shield, Inner Circle Preceptor, Standard Bearer, Musician, Order of the White Wolf
95 5x Outrider
288 19x Teutogen Guard: Guardians of the Temple, First Knight, Standard Bearer, Musician
LA LEGION DE HIERRO: 2500p
545 – Kholek Comesoles: Señor de la Tormenta, aplastaestrellas
127 – Erlock el Tuerto , Shield, Mark of Khorne, Battle Hunger, Taskmaster’s Scourge, 2x Favour of the Gods
260 – 29x Chaos Marauders, Flail, Battle Hunger, Marauder Headman, Brazen Collar, Standard Bearer, Musician
2×30 – 5x Chaos Warhounds
250 – 12x Chaos Warriors, Halberd, Mark of Khorne, Battle Hunger, Champion, Brazen Collar, Standard Bearer, Musician
75 – 5x Marauder Horsemen, Flail, Throwing Axe, Skirmishers, Musician
120 – Chaos Chariots, Mark of Khorne
304 – 6x Chosen Chaos Knights, Lance, Full Plate Armour, Drilled, Mark of Khorne, Champion, Brazen Collar, Standard Bearer
294 – 10x Chosen Chaos Warriors, Halberd, Full Plate Armour, Shield, Drilled, Mark of Khorne, Battle Hunger, Champion, Brazen Collar, Standard Bearer
165 – Scyla Afinngrim: Gigantic Spawn of Chaos, Gigantic Spawn of Khorne
300 – Ghor-Thak: Bonegrinder Giant
La Legión de Hierro se desplegó sobre la nieve como una mandíbula a punto de cerrarse. Los Elegidos de Khorne afilaban sus alabardas en el flanco derecho, mientras la caballería pesada hacía temblar el suelo en el izquierdo. En el centro, las verdaderas pesadillas aguardaban.
Erlock el Tuerto mantenía tensa la cadena de Scyla, susurrándole promesas de masacre para contener la locura del engendro. Pero aquella crueldad no pasó desapercibida. A su lado, Ghor-Thak, el inmenso Gigante Primordial, observaba la escena con un ojo inyectado en rencor. No veía a un general domando a una bestia; veía a un tirano maltratando a la única criatura que él consideraba un igual.
Indignado y dolido, el gigante cruzó sus brazos, tan gruesos como troncos de roble. Si Erlock quería jugar a ser el amo, que luchara él. Una pesada apatía se apoderó de sus movimientos. (Nota: Ghor-Thak inicia la batalla con Apatía General y -1LD. El gigante está de huelga).

Kholek Comesoles no mira a los mortales; los aplasta o los ignora. Con la arrogancia de un dios, alzó el ancestral martillo Rompeestrellas hacia las nubes, convocando un relámpago que cayó con precisión quirúrgica, reduciendo a cenizas humeantes a dos batidores imperiales que tuvieron la mala suerte de llamar su atención.
Pero el Imperio tiene sus propios monstruos.

El Hechicero Elementalista, con los ojos brillando en blanco, decidió que no iba a ser eclipsado. Forzando los Vientos de la Magia hasta el punto de ruptura, desató una Fuerza Irresistible que hizo temblar el aire. Fue un despliegue de dominio absoluto:

- La tierra obedeció su voluntad, alzándose en Murallas de Piedra para blindar a sus tropas.
- El metal lloró bajo la Plaga de Óxido, corroyendo las armaduras del Caos en segundos.
- Y finalmente, invocó un Vendaval de tal magnitud que golpeó al pesado Carro de Khorne como un martillo invisible. La máquina de guerra no solo volcó; se desintegró en una lluvia de astillas y hierro retorcido antes de que sus bestias pudieran dar un solo paso.

Los tres batidores supervivientes se miraron. Cubiertos de ceniza de sus compañeros caídos, no había miedo en sus ojos, solo una determinación suicida.
En lugar de huir, desenvainaron y cargaron contra la jauría de Mastines del Caos. Las bestias, acostumbradas a cazar presas asustadas, no supieron reaccionar ante tal agresividad y huyeron con el rabo entre las piernas, desmoralizadas por tres simples humanos.

Pero la hazaña no acabó ahí. En una persecución frenética, los tres batidores chocaron como un martillo inesperado contra los Jinetes Bárbaros. Los norteños, pillados totalmente por sorpresa y viendo a sus perros huir, fueron superados y aniquilados por este ‘trío dinámico’ imperial. Una vergüenza absoluta para los dioses del Norte…

El aire crepitaba con la magia residual del hechicero, un hedor a ozono que insultaba los sentidos de Scyla Anfingrimm. El Collar de Khorne ardió sobre su carne, exigiendo silencio, exigiendo sangre.
Con la espuma de la demencia brotando de sus fauces, ignoró las órdenes de Erlock y se lanzó en una carrera suicida directo hacia la garganta del mago.
Fue una embestida capaz de derribar murallas, pero la Niebla Roja de la ira a veces ciega al depredador. En su frenesí absoluto, Scyla calculó mal el último salto. Sus garras rasgaron el aire a escasos centímetros de la túnica del hechicero, frenando en seco su inercia brutal.
El monstruo quedó allí, jadeando, con la presa viva frente a él. Y entonces, el acero brilló a su alrededor. Los Grandes Espaderos, con la disciplina fría de los verdugos, cerraron el cerco. Scyla rugió desafiante, pero estaba atrapado.

El acero de los Grandes Espaderos no conoce la piedad ni el miedo. Fue una ejecución militar, fría y precisa. Scyla lanzó zarpazos desesperados, pero la muralla de mandobles se cerró sobre él como una trituradora de carne. En segundos, la leyenda del norte no era más que un montículo de carne triturada y sangre negra bajo las botas imperiales.
El estruendo de la batalla pareció detenerse un instante para Ghor-Thak.
El Gigante Primordial parpadeó, confundido, mirando la mancha roja en la nieve que segundos antes era su único amigo en este ejército de locos. Su postura encorvada se enderezó lentamente, su sombra creciendo sobre los diminutos humanos que celebraban la victoria. El aburrimiento en sus ojos se evaporó, reemplazado por una claridad terrorífica.
Un gruñido grave, tectónico, empezó a subir por su garganta. No habían matado a un monstruo… habían matado a su perrito. Y ahora iban a pagarlo


Mientras tanto, en el flanco, el metal aullaba. Los Caballeros Elegidos de Khorne arrasaron a unos arcabuceros y chocaron de frente contra la élite del Imperio: El Círculo Interior, liderados por Boris Todbringer y su Colmillo Rúnico.


Fue una masacre. A pesar de la destreza marcial de los elegidos, el Colmillo Rúnico no perdona. Boris aniquiló personalmente a la unidad de élite de Khorne, dejando solo cadáveres humeantes en la nieve…

Mientras Kholek seguía embriagado de poder, invocando rayos sobre enemigos insignificantes y riendo ante la tempestad, el verdadero general del centro emergió de la pena.
Ghor-Thak no cargó por táctica; cargó por pura venganza. Con un bramido que sacudió los cimientos del valle, el Gigante Primordial se abalanzó contra los verdugos de Scyla. Al unísono, los Guerreros de Khorne, oliendo la sangre, cerraron la trampa golpeando el flanco expuesto de los imperiales.

Entonces ocurrió el milagro… o la burla de los dioses. Los Grandes Espaderos, imbuidos por las frenéticas plegarias de sus sacerdotes, se negaron a morir. El acero imperial brilló con una luz antinatural, desviando golpes mortales y resistiendo el impacto de armas que deberían haberlos partido en dos.

Pero la fe tiene un límite, y la gravedad no perdona.
Harto de que sus golpes rebotaran, Ghor-Thak alzó su inmensa bota hacia el cielo y desató el Pisotón Atronador. No hay rezo capaz de detener diez toneladas de odio cayendo en vertical. La formación cerrada, tan perfecta segundos antes, se convirtió en pulpa bajo la suela del gigante. Los supervivientes, con el espíritu y los huesos rotos, huyeron despavoridos, dejando a Ghor-Thak jadeante, sangrando por mil cortes (reducido a 3 Heridas), pero rugiendo su victoria sobre los cadáveres.

La locura en el campo de batalla alcanzó su cenit grotesco. Ghor-Thak, con el apetito despertado por la violencia, atrapó al vuelo a un Sacerdote Guerrero que intentaba reunir a sus hombres. Hubo un crujido húmedo, un grito ahogado y el siervo de Sigmar bajó entero por el gaznate de la bestia.
Pero la fe —y la armadura de placas— son difíciles de digerir.
Con las tripas revueltas, el Gigante cargó por el flanco contra la formación de Alabarderos y Espadachines que, hasta ese momento, aguantaban heroicamente el embate frontal de los Elegidos. Los imperiales giraron cabezas y alzaron escudos, esperando el impacto demoledor de un garrote de piedra… pero el destino les tenía reservado un final mucho más humillante.

Ghor-Thak se dobló por la cintura y, en una arcada sísmica, proyectó los restos a medio disolver del sacerdote sobre las filas enemigas. Aquella ‘lluvia ácida clerical’ fue devastadora: el ácido estomacal derritió carne y metal por igual, mientras que los restos del hombre santo actuaban como metralla ósea. Horrorizados al ver a su líder espiritual convertido en munición biológica, la moral de la unidad se quebró al instante y huyeron aterrorizados, dejando atrás una escena que ningún superviviente querrá recordar.

El destino de la batalla se redujo a una sola tirada. El Caos ya no podía ganar (no le quedaban tropas con las que controlar el objetivo) pero el honor exigía negar la victoria al enemigo. En el centro, sobre el objetivo, la Guardia Teutógena (la única unidad imperial que quedaba para puntuar) formaba un muro de escudos impenetrable, liderados por la figura encorvada pero terrible de Ar-Ulric Emil Valgeir.
Solo Ghor-Thak podía cambiar la historia. Con 3 heridas y el aliento helado de la muerte en la nuca, necesitaba un 6 en los dados para contactar. Los dados rodaron sobre la nieve manchada de sangre…

El suelo retumbó. El Gigante cargó, alzando su garrote para borrar del mapa a los diminutos humanos. Parecía el fin. Pero Ar-Ulric no es un simple hombre; es el invierno encarnado.
El Sumo Sacerdote comprendió que jamás alcanzaría la cabeza de la bestia. Así que, con la frialdad de un lobo viejo, ejecutó el único golpe posible. Alzó su martillo bendito y descargó un uppercut divino con toda la fuerza de su fe… directo a la entrepierna del Gigante.
El sonido del impacto fue nauseabundo y resonó en todo el valle. El dolor fue cósmico. Los ojos de Ghor-Thak se pusieron en blanco y sus rodillas cedieron al instante. Pero el Caos es rencoroso hasta el final.
Al desplomarse totalmente KO, la inmensa montaña de carne no cayó hacia atrás, sino hacia adelante. Ghor-Thak se derrumbó sobre la propia Guardia Teutógena, aplastando a decenas de élites bajo toneladas de músculo inerte. Fue una venganza póstuma y brutal.

Se hizo el silencio.
Pero cuando la nieve y el polvo se asentaron, entre los cuerpos aplastados y el cadáver del gigante, un estandarte seguía ondeando. Ar-Ulric, sacudiéndose el polvo, permanecía en pie sobre el objetivo.
RESULTADO: Middenheim retiene el centro. Victoria para el Imperio. Khorne ha tenido su sangre, pero Ulric ha tenido la última (y dolorosa) risa.
