HORDAS DE GONZALO «EL MALO» (3600p)
150 Hechícero N2 Magia Batalla, Lore Familiar, General
280 Hechícelo N4 Magia Batalla, Infernal Puppet, Favour of the Gods
222 Campeón Exaltado Khorne, porta (Icon of Darkness), escudo, espada gigante, 2 Favores Dioses
459 23 Guerreros Khorne (Ariete): Alabarda y escudo, GMC (collar bronce y Rampaging Banner)
570 30 Forsaken Khorne (Torre de Asedio)
3x 190 10 Forsaken Khorne (Escalas)
606 15 Ogros Khorne: arma 2 manos, campeón (Torre de Asedio)
464 17 Elegidos Nurgle: completa y escudo, alabarda, GMC Banner of Rage (Escalas)
LA ULTIMA DEFENSA (2000p)
313 Rey Thorgrim: General, Handgun, Shield, Master Rune of Smiting, Rune of Might, Rune of Fury, Shieldbearers
235 Anvil of Doom
68 Ingeniero: Brace of Pistols, Handgun.
108 12 Guerreros con escudo
117 9 Barbaslargas con escudo
144 12 Montaraces con ballesta y escudo
132 12 Atronadores con escudo
2×60 Girocópteros
204 12 Martilladores con escudo
65 Lanzavirotes
79 6 Matatrolls con 1 Matagigantes
120 Cañón Órgano
2×50 Gotrek y Félix (buscamuertes)
🛡️ LA CALMA ANTES DEL TRUENO: VISTA DE LAS DEFENSAS
El aire está quieto, pero huele a ozono y sangre antigua. En las almenas no hay lugar para el miedo, solo la sombría determinación de los hijos de Grungni.
Aquí podéis ver el Muro de Gromril en todo su esplendor. Los virotes están encajados, la pólvora de los atronadores se mantiene seca y el Yunque Rúnico (una reliquia de tiempos mejores) brilla con una luz ancestral, listo para desatar la ira de la tierra.
En el centro, presidiendo la defensa, el Gran Rey Thorgrim Custodio de Agravios revisa el Gran Libro. Sabe que una marea de acero negro de 3600 puntos se acerca para ahogarlos, una fuerza que les supera casi dos a uno. Pero mientras recorremos las murallas, una verdad queda clara: la piedra puede romperse, pero los Enanos… los Enanos no se mueven.
El horizonte trajo la muerte. Cuando los vigías dieron la alarma, lo que se acercaba a nuestra fortaleza era una catástrofe natural vestida de acero. Gonzalo «El Malo» había traído una fuerza de 3600 puntos para aplastar a nuestra guarnición de apenas 2000 barbas. Torres de asedio que rascaban el cielo, un ariete cubierto empujado por fanáticos y la élite de los Dioses Oscuros.

En el flanco izquierdo, la situación era crítica. La Torre de Asedio de los Malditos proyectaba su sombra sobre las murallas como una sentencia de muerte. Estaba ahí, a escasos metros, una montaña de madera crujiente y hierro oxidado acercándose inexorablemente paso a paso. Los defensores contenían el aliento, sabiendo que el choque era cuestión de segundos.. Pero la verdadera amenaza venía a pie: una cohorte de Elegidos de Nurgle, la élite más resistente y letal del enemigo, avanzaba con sus escalas teñidas de rojo, listos para abrir una segunda brecha que hubiera sido fatal.
No había regimiento que pudiera frenarlos… salvo uno.
Nuestro piloto de Girocóptero, con una temeridad que rozaba la locura de un Matador, decidió que ese no sería el día en que la fortaleza cayera. Se lanzó en vuelo rasante directo hacia la unidad de élite. No tenía la fuerza para matarlos a todos, pero tenía el coraje para estorbarlos.
Bailando entre las hachas oxidadas y soportando el hedor insoportable de la plaga, la pequeña máquina de vapor se convirtió en un escudo móvil. Hostigó, disparó y maniobró tan cerca de sus cabezas que obligó a la unidad más temida del Caos a detener su avance, comprarando unos turnos de oro que valían más que cualquier tesoro de la fortaleza. Un solo Enano reteniendo a la tormenta.

Por el flanco derecho, una torre de asedio cargada con Ogros de Khorne amenazaba con romper nuestras defensas antes de empezar. Pero Grungni protege a los audaces. Nuestro segundo piloto de girocóptero, viendo la sed de sangre en los ojos de las bestias, realizó una maniobra suicida. Voló bajo, tan cerca que podía oler su aliento, provocando su furia asesina. Los Ogros, ciegos de ira, desviaron la torre persiguiendo a la mosca mecánica, alejándose fatalmente de las murallas.
Eso nos dio tiempo. El Yunque golpeó, los arcabuces y el cañón órgano tronaron y esa torre se convirtió en una pira funeraria antes de tocar piedra.

En la puerta principal, el destino pendía de un hilo. El gran ariete del Caos avanzaba inexorable. Las puertas se abrieron, y escupieron muerte. Primero fueron los Matadores, seis locos y valientes que se lanzaron contra la marea para frenar el empuje. Murieron como vivieron: matando.
Pero lo que vino después heló la sangre de los hombres del norte. Gotrek Gurnisson se plantó solo ante la unidad del General del Caos y su ariete. Un enano contra un ejército.



Desde lo alto de la muralla, Félix Jaeger observaba con el corazón en un puño, pluma en mano, narrando la que creía sería la última saga de su amigo. Gotrek luchó como un dios de la guerra, reteniendo a la hueste el tiempo suficiente para que los refuerzos se posicionaran.

Desde las almenas, los Montaraces tenían la vista más privilegiada y terrible de la batalla. Justo debajo de sus botas, en el umbral de la puerta, la matanza era absoluta. Podían oír los últimos gritos de desafío de sus hermanos Matadores siendo engullidos por la marea de acero negro, y ver la figura solitaria de Gotrek convirtiéndose en un dique de pura violencia contra el avance enemigo.
Para cualquier otro soldado, ver esa marea infinita a las puertas sería el fin de la esperanza. Para los veteranos de las montañas, fue una orden silenciosa.
Sabían que Gotrek estaba luchando para comprarles tiempo. Cada segundo que su hacha retenía el empuje del ariete, cada instante que sobrevivía rodeado de enemigos, era un regalo precioso para los tiradores. Y los Montaraces no desperdiciaron ni un solo latido de ese tiempo prestado.
Con una frialdad mecánica, cargaron y dispararon, cargaron y dispararon. Sus ballestas cantaron un ritmo constante de muerte. No disparaban a la masa; apuntaban con precisión, clavando sus saetas en los huecos de las armaduras del Caos, castigando a aquellos que intentaban rodear al Matador solitario. Arriba, disciplina de hierro; abajo, furia desatada. Una cobertura letal pagada con la sangre de un héroe.
Hasta que la segunda torre de asedio impactó contra los muros. Una marea de Malditos y Guerreros del Caos se derramó sobre las almenas. Nuestros montaraces fueron masacrados en combate cerrado; no había espacio para disparar, solo para morir. La muralla estaba perdida.

Viendo la debilidad, la unidad de Elegidos avanzó hasta aniquilar al girocoptero y escaló una sección de muralla que parecía extrañamente desprotegida. Creyeron que era un error táctico de los Dawi. Grave error. Era la trampa del Rey.

Thorgrim, montado en su Trono, esperó a que los Elegidos pisaran la piedra. Entonces, liberó el poder de la Runa Maestra de la Destrucción de su martillo. Con un estruendo que sacudió la montaña, el Rey no golpeó a los enemigos, ¡golpeó la propia muralla! La sección se derrumbó bajo los pies de los Elegidos, y entre el polvo y los escombros, Thorgrim y sus Martilladores cargaron para limpiar a los supervivientes.

El ariete finalmente impactó contra las puertas. Gotrek había caído (o eso parecía), y Félix, dejando la pluma, empuñó su espada para defender la brecha hasta su último aliento, muriendo para evitar que el Caos cruzara el umbral en el último segundo.
Mientras tanto, en la retaguardia enemiga, el temido Cañón Infernal decidió que tenía hambre. En un giro cómico del destino, la bestia demoníaca devoró a su propia tripulación, quedándose inútil mientras sus amos gritaban de frustración.
Cuando el sol se puso (Turno 6), la fortaleza seguía en pie. Banderas rasgadas, muros rotos, y un Rey agotado sobre una montaña de cadáveres. Fue una victoria por la mínima, comprada con sangre, pero una victoria al fin y al cabo. Si el asedio hubiera durado una hora más, habríamos caído. Pero los enanos son como las montañas: no se mueven.

(La verdadera victoria no fue salvar la fortaleza, fue compartir la batalla con él)
🎥 BONUS TRACK: LOS OJOS DE LA GUERRA
Las palabras pueden narrar la épica, y las fotos congelan el momento, pero solo el movimiento captura la verdadera escala del conflicto. Para cerrar esta crónica, os dejo dos documentos visuales únicos.
Se trata de las visiones de los generales antes de que se desatara el infierno.
👁️ La Visión del Conquistador (Perspectiva del Caos)
Ponte en las botas de Gonzalo «El Malo». Siente el peso de la armadura y la impaciencia de la Horda. Desde aquí abajo, las murallas enanas parecen tocar el cielo, erizadas de cañones y acero gromril. No hay vuelta atrás: o esas murallas caen, o nosotros moriremos a sus pies.
🛡️ La Visión del Guardián (Perspectiva del Defensor)
Ahora, sube a las almenas conmigo. Esta es la vista que tuvo Thorgrim. El horizonte ya no existe, solo una marea infinita de enemigos que nos supera en número y salvajismo. Observa la disciplina de las filas, la artillería cargada y la fría determinación de saber que, pase lo que pase, nadie va a dar un paso atrás.
¿En qué lado de la muralla habrías preferido estar tú? ¡Nos vemos en la próxima batalla! 🍺🎲